¿Puedo compartir contigo una de las imágenes de la Medicina Tradicional China que más me gustan?
Imagina una olla con agua al fuego. Mientras haya suficiente agua, la llama que hay debajo simplemente la mantiene caliente. Pero cuando el agua empieza a escasear, esa misma llama hace que hierva cada vez con más fuerza, hasta que empieza a salpicar y desbordarse.
Esta imagen explica muy bien cómo interpreta la Medicina Tradicional China muchos de los síntomas de la menopausia.
Nuestra energía también tiene reservas
En la Medicina Tradicional China (MTC), el agua de la olla representa el Yin, el aspecto de nuestra energía que refresca, hidrata y ayuda a recuperarnos. Es lo que nos permite dormir profundamente, mantener la calma en situaciones difíciles y recuperarnos después de un día exigente. La llama representa el Yang: el calor, la vitalidad, el movimiento y la actividad.
Durante la perimenopausia y la menopausia, según la MTC, el Yin disminuye de forma natural. No significa que haya algo que funcione mal. Es una parte normal de esta etapa de la vida.
Pero hay algo que me habría gustado saber hace muchos años.
Según la medicina china, nuestra forma de vivir también influye en la cantidad de agua que queda en la olla. Las noches en las que dormimos poco, las prisas constantes, los años de estrés y la costumbre de no parar nunca son factores que, desde la perspectiva de la MTC, van agotando poco a poco nuestras reservas de Yin.
¿Y qué ocurre con los sofocos, los sudores nocturnos o esos despertares a las tres de la madrugada, cuando la mente ya está repasando todo lo que tenemos que hacer al día siguiente?
En la MTC, estas manifestaciones se relacionan con lo que se conoce como calor por vacío. No es que la llama sea más intensa que antes. Es que ya no queda suficiente agua para mantenerla bajo control.
Con la menopausia ya no podemos seguir viviendo a crédito
Me gusta esta forma de entenderlo porque cambia por completo nuestra manera de mirar la menopausia.
Muchas hemos pasado décadas gastando más energía de la que recuperábamos. Yo misma lo hice durante años.
A los treinta, e incluso durante los primeros años de los cuarenta, el cuerpo consigue compensarlo de alguna manera. Pero al llegar la menopausia, seguir viviendo así puede resultar cada vez más difícil.
Por eso, decirnos «aguanta y sigue adelante» muchas veces deja de funcionar.
Y también por eso añadir otro suplemento, otra sesión de ejercicio o una nueva rutina matutina puede convertirse en una exigencia más para un cuerpo que, sobre todo, necesita recuperarse.
Es como subir todavía más el fuego cuando la olla se está quedando sin agua.
Antes de añadir más cosas, observa adónde va tu energía
Hay tres formas de malgastar energía que veo con frecuencia en las mujeres con las que trabajo.
La primera es tener prisa incluso cuando no hace falta. Caminamos deprisa, comemos deprisa, respondemos a los mensajes en cuanto llegan. Y nuestro cuerpo acaba viviendo cada pequeña situación como si fuera una emergencia.
La segunda es no desconectar nunca del todo. Estar en el sofá con el móvil en la mano, escuchando un pódcast a medias, no es necesariamente el tipo de descanso que nos ayuda a recuperar energía.
La tercera es ignorar las señales del cuerpo. A las cuatro de la tarde estamos cansadas y tomamos otro café. Tenemos calor, estamos irritables o nos sentimos agotadas, pero apretamos los dientes y seguimos adelante.
Cómo nos ayuda el Qi Gong a recuperar nuestras reservas
Aquí es donde entra en juego el Qi Gong, porque no nos pide gastar todavía más energía.
Los movimientos son lentos, la respiración se vuelve más larga y natural, y llevamos la atención hacia el cuerpo, las piernas y la parte baja del abdomen.
Según la MTC, este tipo de práctica ayuda a nutrir el Yin y a equilibrar el calor.
Dicho de una forma más sencilla, le ofrece al sistema nervioso veinte minutos en los que puede dejar de comportarse como si hubiera algo urgente que resolver.
Por supuesto, el Qi Gong no sustituye al médico, que sigue siendo la persona indicada para valorar los síntomas de la menopausia y las distintas opciones de tratamiento. Pero puede convertirse en una herramienta práctica para empezar a recuperar parte de la energía que hemos ido gastando durante años.
Un pequeño experimento para esta semana
No necesitas cambiarlo todo de golpe.
Durante los próximos días, simplemente observa una de estas tres formas de perder energía: las prisas constantes, la dificultad para desconectar de verdad o la costumbre de ignorar lo que te dice tu cuerpo.
Todavía no tienes que cambiar nada. Limítate a observar cuándo ocurre y cómo te sientes después.
Quizás te sorprenda descubrir cuánta energía estás gastando sin darte cuenta y lo bien que sienta empezar a conservar un poco más.

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